SOCIEDAD TEOSÓFICA - Sección Colombiana

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ALGUNOS ASPECTOS DE LA HISTORIA Y ACTIVIDADES DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA EN COLOMBIA

Ramón Martínez Rodríguez, Pionero y Fundador

Apartes tomados de Cuarenta Años de Teosofía en Colombia (1920-1960), publicación hecha por su hija, Corina Martínez Sanders.

Al tratar de hacer un resumen de las actividades teosóficas en Colombia, es necesario  hacer mención destacada de la labor llevada a cabo por Ramón Martínez Rodríguez, ya que su personalidad y su obra están íntimamente ligadas a la existencia de la Sociedad Teosófica en nuestro país. Ramón Martínez sería hoy el primero en rechazar la interpretación de su actividad en el campo teosófico como una labor individual, y efectivamente, ésta hubiera tenido menor relieve sin la activa participación de los valiosos y desinteresados colaboradores que en distintas épocas y circunstancias se sumaron a ella.Sin embargo, no son muy frecuentes los casos de una devoción tan inconmovible y tan sentido interés en una causa como los de Ramón Martínez.  De temperamento rebelde y gran curiosidad intelectual, pudiera decirse que la lógica de su vida lo llevó a conocer las enseñanzas teosóficas cuando se encontraba en Nicaragua en 1908, y habiendo captado su profundo significado espiritual, hizo de la difusión de ellas su meta ideal.  Así, pues, no es posible desligar la historia de la Sociedad Teosófica en Colombia de la vida de su fundador en el país y de la áspera lucha que libró para llevar los ideales teosóficos a la conciencia del mayor número de gentes, porque abrigaba la firme convicción de que tales enseñanzas practicadas y vividas sinceramente, contribuirían al establecimiento de un clima de paz y fraternidad entre los colombianos y derrotarían al sectarismo de todos los órdenes, que tan duramente han castigado a Colombia.

Nació Ramón Martínez en la población santandereana de El Valle, el 27 de abril de 1875, e hizo estudios de Pedagogía en la Escuela Normal de Bucaramanga.  Después de trabajar por algún tiempo en una escuela rural de Santander, ingresó a las filas de los rebeldes en la Guerra de los Mil Días.  Su valerosa actuación en el curso de la prolongada y tenaz campaña le valió el grado de Coronel, que recibió del General Benjamín Herrera a los 25 años de edad.

Una vez terminada la guerra emigró a Centro América, tierra amable y hospitalaria para numerosos colombianos que habían luchado infructuosamente por la verdadera libertad en su país.  Tanto en Costa Rica como en Nicaragua trabajó en el campo pedagógico que lo atraía especialmente, como el más propicio para sembrar en las jóvenes mentes la inquietud intelectual y los ideales de fraternidad humana.  En este último país contrajo matrimonio con la noble dama doña Corina Sanders, cuya abnegada y silenciosa colaboración hizo posible la activa labor que más tarde, y prácticamente hasta el día de su desencarnación, llevó a cabo Ramón Martínez en todo el territorio nacional. Tomaría demasiado espacio relatar en detalle la lucha que libró Ramón Martínez contra el fanatismo y la indiferencia del ambiente, contra la inconstancia de quienes llegaban a la Sociedad Teosófica impulsados por móviles superficiales e insinceros.  Y el breve bosquejo que acabamos de presentar no da una idea de la tenacidad de su empeño y su optimismo aun en las situaciones más oscuras.  Puede decirse que tenía un temperamento teosófico; tan profundas eran las raíces que la Teosofía había echado en su espíritu.  Su vida fue una constante afirmación de fe: fe en el inevitable curso ascendente de la evolución, fe en la capacidad del ser humano de crear su destino y alcanzar el logro de una sociedad armoniosa, en donde la fraternidad y el esfuerzo constructivo fueran la concreción de los designios de quienes rigen la Evolución.

Por estas razones Ramón Martínez vivirá mientras exista en Colombia un núcleo teosófico, o mientras aliente en sus discípulos, aunque estén dispersos, la devoción hacia los ideales a los que dedicó buena parte de su vida y esfuerzos.  Mientras alguien crea en el destino común de la humanidad, que ella misma creará con su esfuerzo, se podrán derrotar todas las formas del odio, intransigencia y opresión. La historia de la Sociedad Teosófica en Colombia se inició con el regreso del hermano Ramón Martínez al país, en 1919, en compañía de su familia, después de permanecer casi veinte años en Costa Rica y Nicaragua.  Regresaba con la firme decisión de hacer conocer ampliamente las enseñanzas teosóficas, y contribuir así al desarrollo espiritual de sus conciudadanos.

En el mes de octubre de 1921 don Ramón Martínez Rodríguez dirigió el siguiente llamamiento, cuyos apartes más destacados se transcriben.  (Tomado de la Revista Hermes, primera publicación de la Sociedad Teosófica en Colombia).

“... Nos permitimos informarle acerca del movimiento teosófico en el mundo y de los beneficios que este conocimiento viene aportando a los pueblos donde es acogida y desarrollada esta corriente filosófica que da la luz que tanto se necesita en la solución de los múltiples problemas de orden social, político, religioso y científico que hoy surgen ante la humanidad en su nueva etapa de ascensión progresiva. Esperamos una nueva civilización que traerá a los pueblos la paz y la armonía de que carecen.    El conocimiento de la Teosofía nos proporciona una sabiduría y un conocimiento que nos aparta del funesto atajo de las violencias que han dado dolorosas pruebas en los pueblos.

De todo colombiano son conocidas las vallas que mantienen estancadas las fuerzas propulsoras del progreso en este país por la persistencia de intereses egoístas y sectarios.  Nuestras fuerzas de orden interno empiezan a surgir dentro de nuestro pueblo en universal concierto hacia la meta de una definida aspiración: la solidaridad humana.   Lo que nos impulsa a hacer un llamamiento a todo compatriota que desee el bienestar y la concordia nacional y remover los obstáculos dentro de un campo de conocimiento más comprensivo de la Unidad Universal.

En tal virtud invitamos a usted a formar parte de la Rama Teosófica que nos proponemos fundar en esta ciudad. 

 

Hoy cuenta la Sociedad Teosófica con 1.800 Ramas o Logias debidamente organizadas por todo el mundo, con un personal de más de 50.000 miembros que se esfuerzan en vivir tan elevado ideal.  En el movimiento están interesados sabios eminentes del más elevado exponente cultural.  Puede decirse que no hay hoy país de la tierra que no haya respondido a esta manifestación de progreso, siendo Colombia una de las pocas naciones civilizadas que en la hora presente de renovación ha permanecido indiferente a este conocimiento regenerador.  A continuación damos una idea de los principios fundamentales de este movimiento filosófico y los fines que se propone realizar en bien de la humanidad.

Teosofía y Sociedad Teosófica: La Teosofía pone de manifiesto que por la sencilla razón de que la Verdad no puede estar en pugna consigo misma, lejos de ser antagonista e incompatible la verdadera ciencia con la verdadera religión, reina entre una y otra la armonía más perfecta.  Ayudar a la investigación de la Verdad, aportar al mundo nuevas y sublimes enseñanzas, infundir en la mente y el corazón ideas de altruismo, abnegación y espíritu de sacrificio, poner fin a intolerancias y antagonismos, a odios inveterados que acibaran la existencia, cimentar la sociedad humana sobre una firma base de paz y fraternal amor, acelerar la evolución del hombre fomentando su progreso intelectual y moral, elevar la humanidad mediante el desarrollo de sus facultades más nobles hasta un grado de perfección muy superior del que ahora tiene, en una palabra, hacer del hombre un superhombre, un ser semidivino; estos son los fines para que fue fundada la Sociedad Teosófica.

 

Objetos de la Sociedad Teosófica A ninguno de los aspirantes se le pregunta acerca de sus opiniones políticas ni religiosas; pero en cambio se exige a todos la formal promesa de respetar las ideas y creencias de los demás.  La única condición que se exige a los que deseen formar parte de la Sociedad Teosófica, es que observen la misma benévola tolerancia y deferencia que desean para sí. La esencia de la Teosofía es el hecho de que siendo el hombre divino en esencia, puede reconocer la divinidad de la cual procede y de cuya vida participa.  Como corolario inevitable de esta suprema verdad se presenta el hecho de la fraternidad humana como ley de la naturaleza.  La vida Divina es el espíritu que hay en todo lo que existe, desde el átomo al arcángel; el grano de arena no podría existir si Dios se retirara de él; el más celeste serafín no es más que una chispa del fuego eterno que es Dios.  Copartícipes de una misma vida, todos formamos una hermandad.  La inmanencia de Dios, la solidaridad del hombre, la unidad de la vida y su permanente crecimiento en un cosmos manifestado y en constante evolución por una serie ininterrumpida de causas y efectos (Ley kármica); las leyes del sacrificio y la reencarnación, son aspectos fundamentales que la Teosofía proclama.

En toda religión hay algo de Teosofía, pero en ninguna está completa.  De ahí resulta que la Teosofía no expone ni propaga religión alguna, no las rechaza, sino que las aprecia a todas por igual.  Las aprecia porque aun cuando estén desfiguradas y aparentemente diversas, todas son hijas de una misma madre, así como todos los humanos con la diversidad de razas y matices, somos nacidos, criados y sostenidos por una misma naturaleza.

 

Si usted se interesa por esta labor trascendental y desea ingresar en la Rama Colombiana de Teosofía, sírvase manifestarlo, y si usted lo desea, suministrarle cualquier otro informe sobre el particular.”

De usted muy atentamente S.S. y amigo, Ramón Martínez R.

 

FUNDACIÓN DE LA LOGIA ‘ARCO IRIS’ El 4 de diciembre de 1921 se llevó a cabo en Bogotá la fundación de la primera logia teosófica, que se denominó Arco Iris.  El primer número de la revista HERMES, cuya edición se inició el 15 de junio de 1923, bajo la dirección de don Ramón Martínez, dio cuenta de este hecho en la siguiente forma: En el mes de octubre de 1921 don Ramón Martínez R., dirigió un llamamiento a algunos de sus relacionados, reconocidos por la amplitud de su mente y libertad de conciencia, al cual correspondieron más de 25 simpatizantes con la idea de la fundación de la Sociedad Teosófica en el país.  El día 4 de diciembre del mismo año se verificó la primera reunión en el salón de sesiones del Centro Espiritista León Denis, ofrecido galantemente por sus miembros.  Expuestos los motivos de la reunión y los fines que se propone la Sociedad Teosófica, se acordó la fundación de la Logia Arco Iris, elevando la correspondiente solicitud de la Carta Constitutiva y diplomas de ingreso al señor Secretario General de la Sección Cubana, don Rafael de Albear, y el 11 de enero de 1922 fue otorgada dicha Carta Constitutiva por la Presidente de la Sociedad Teosófica, señora Annie Besant, y autorizada por el señor Albear. Atendieron al llamamiento del hermano Ramón Martínez, y fueron miembros fundadores de la Logia Arco Iris, los siguientes hermanos:

Daniel Rubio Vargas, Eugenio Duffo, Misael Collantes Sofía Páez González, Pablo Enrique Gamboa, Arturo Guzmán, Ramón Martínez R, Augusto Lemoine, Bernardino Rangel Uribe, Bernard W. Shaw, Milciades Núñez N, Campo Elías Pinzón, Alfredo Roa, Rafael Meoz, Isaías Salguero, Jorge Humberto Posada,  Ernesto Vargas Pinzón, Sara Páez de Moncó, Florentino Pérez, Alejandro Palacio, Zoila Rosa Hoyos, Pedro Parra M, Francisco Jaramillo

Uno de los primeros pasos para la divulgación de los ideales teosóficos fue la organización de la Biblioteca Teosófica, que al terminar el primer año contaba ya con 100 volúmenes. Desde los primeros años de actividades de la Sociedad Teosófica en Colombia se unieron con entusiasmo a la labor teosófica, entre otros, los hermanos Guillermo Vengoechea Umaña, Cristina Umaña de Vengoechea, Walter Ballesteros, Julia Ruiz de Ballesteros, Carmen Correa de Vengoechea, Miguel Ángel Medina, Marco Antonio Ardila, María de Jesús Páez, Dolores Delgado, Isaías Díaz Quevedo, Arcadio Perdomo, Olinto Marcucci, Samuel McCormick, Mauricio Parra, Luis Arturo Liévano.

La revista Hermes, que se empezó a editar en una pequeña imprenta instalada en la casa del hermano Ramón Martínez, apareció en 1923 como órgano oficial de la Logia Arco Iris.  Desde su iniciación la revista acogió artículos e informaciones sobre diferentes movimientos espiritualistas, como la Iglesia Católica Liberal, la Comasonería, la Orden de la Estrella de Oriente, la Orden de la Mesa Redonda, etc. La publicación de la revista Hermes hubo de suspenderse al cabo de algún tiempo, y en 1926 reapareció con una nueva afirmación de fe en los ideales a que estaba dedicada, que se sintetizó así:  ‘Reaparece hoy nuestra revista después de un largo silencio impuesto por imposibilidad de orden económico.  Hoy podemos decir que nuestra Logia existe y vive con el mismo entusiasmo de sus primeros días, y que de hoy en adelante su voz se dejará oír en el concierto universal de cuantos soñamos con realizar el noble ideal de la Fraternidad.  En medio de dificultades y luchas propias del medio ambiente que nos rodea y contando únicamente con la indiferencia de unos y la oposición de otros, hemos venido adelantando la labor teosófica en silencio, pero con paso firme, protegidos por Quienes dirigen la labor interna de la Sociedad Teosófica.’

Originalmente las Ramas teosóficas colombianas hacían parte de la Sección Teosófica Cubana, pero desde 1927 quedaron bajo la jurisdicción del Agente Presidencial para Centro América y Colombia, doctor José B. Acuña.  Esta Agencia Presidencial fue elevada a la categoría de Sección Nacional en el año de 1929, y su primer Secretario General fue el doctor Mariano L. Coronado, sicólogo destacado. El mayor ideal del hermano Martínez era la educación de la juventud dentro de las normas de vida de la Sociedad Teosófica, y en el año de 1929 se fundó el Centro Juvenil de Bogotá, bajo la dirección de la hermana Sofía Páez González. En mayo de 1930 se acordó cambiar el nombre del órgano de la Sociedad Teosófica ‘Hermes’ por el de ‘Revista Teosófica Colombiana’.

Se continuó laborando en forma incansable dentro de las grandes limitaciones del ambiente y los naturales obstáculos para propagar la Teosofía en el país y formar varios centros para su estudio y difusión.  Estos esfuerzos se formalizaron el 3 de febrero de 1932 cuando la RAMA ARCO IRIS obtuvo la Personería Jurídica mediante la Resolución No.4 de 1932, firmada por el Presidente Enrique Olaya Herrera; y con la formación de la Sección Nacional de la Sociedad Teosófica en Colombia, constituida por las siguientes Logias: Arco Iris, Blavatsky, Hypatia, Colombia, Liberación, Morya y Estrella del Huila.  El Presidente Mundial de la Sociedad Teosófica, George S. Arundale, concedió la Carta Constitutiva de la SECCIÓN NACIONAL DE LA SOCIEDAD TEOSÓFICA EN COLOMBIA, con la aprobación del Consejo Ejecutivo, el 1º diciembre de 1937.

El Gobierno Colombiano por resolución ejecutiva No. 72 de mayo 28 de 1940, reconoció personería jurídica a la SOCIEDAD TEOSÓFICA, SECCIÓN NACIONAL COLOMBIANA, la cual lleva las firmas del Presidente Eduardo Santos y del Ministro de Gobierno Jorge Gartner

A partir del mes de marzo de 1952, y sin interrupción hasta la fecha, la revista de la Sociedad Teosófica en Colombia aparece de manera periódica con el nombre de ‘Selección Teosófica’.  Es necesario destacar que las revistas ‘Hermes’, ‘Revista Teosófica Colombiana’ y ‘Selección Teosófica’ han desempeñado un papel fundamental en el trabajo teosófico en Colombia por sus inspiradores artículos de teósofos de todo el mundo, que siempre han buscado ayudar a difundir ideas e ideales teosóficos en forma clara y didáctica.  Los directores y editores de estas revistas fueron: de la revista ‘Hermes’, Ramón Martínez; de la ‘Revista Teosófica Colombiana’, Ramón Martínez y Guillermo Vengoechea; y de ‘Selección Teosófica’, Walter Ballesteros. A partir de junio de 1995, cuando falleció don Walter Ballesteros, la revista ‘Selección Teosófica’ la ha venido dirigiendo y editando Gabriel Burgos.

 


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